Cuando correr se parece a vivir
Natalia Basualdo comparte su historia en su primera Patagonia Run: cómo el ejemplo de fuerza y superación de su sobrina Mía la inspiró a alcanzar su objetivo y a valorar esos momentos que, en la rutina diaria, solemos pasar por alto.
Hay historias que se escriben lejos de los libros y los titulares, pero que guardan una fuerza capaz de transformar todo lo que tocan. La de mi sobrinita Mía, con apenas doce años, es una de esas. Superó una enfermedad que parecía demasiado grande para su pequeño cuerpo, y en esa batalla dejó huellas de coraje y esperanza en todos los que la acompañamos. Esa misma fortaleza me acompañó meses después, cuando corrí por primera vez la Patagonia Run (42k) , en San Martín de los Andes. Cada kilómetro que conquistaba con el cuerpo cansado, me recordaba los suyos, esos que recorrió desde una cama de hospital hasta volver a sonreír con la plenitud de la vida.
La mañana de la largada estaba cargada de un aire frío y expectante. Los corredores se agrupaban en silencio, abrigados contra el viento patagónico, mientras los frontales iluminaban el camino por venir. Yo respiraba hondo, con los nervios propios de quien se enfrenta por primera vez a una montaña desconocida. Pero no estaba sola: en mi mente viajaba la imagen de Mía, con esa sonrisa que nunca perdió aun en los días más duros. Si ella había podido soportar pinchazos, tratamientos y madrugadas interminables de hospital, ¿cómo no iba yo a resistir unos cuantos kilómetros de piedra y barro?
El recorrido se desplegaba entre senderos de bosque y montañas que parecían infinitas. El cansancio llegaba pronto, pero cada vez que mis piernas pedían rendirse, pensaba en ella. Recordaba sus ojos brillando de esperanza cuando los médicos le dieron el alta, y su risa, tan simple y tan poderosa, que parecía devolvernos la vida a todos. En el kilómetro más duro, cuando el frío calaba los huesos y la pendiente no perdonaba, repetí su nombre como un mantra. No era solo correr, era avanzar con ella, con lo que me había enseñado: que la fuerza no está en no caer, sino en volver a levantarse una y otra vez.
Y cuando crucé la meta, con el corazón desbordado, supe que no había corrido sola. Cada paso había estado marcado por su ejemplo, por esa certeza que me repetía una y otra vez: si ella puede, yo también puedo. Ese día confirmé que la montaña, como la vida, se conquista con coraje. Y yo, al igual que ella, terminé siendo fuerte como Mía.
Patagonia Run se trasformó en mi inspiración junto con Mía, y sueño con volver a correr con ella otra vez.
Este relato me hizo acordar lo valiosa que es la vida, lo valiosa que es Mía, y qué hermoso es Patagonia Run 🤍.

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